sábado, 2 de agosto de 2014

LA CALA DEL MORAL (MÁLAGA) - "Críalo" en los montes - 21 de julio de 2014

- foto tomada de internet -


21 de JULIO de 2014 - LA CALA DEL MORAL:Apareció en la urbanización TERRAZAS de la CALA - No podía volar y tampoco controlaba los movimientos de las patas. Por lo demás su comportamiento era de asustado, con las plumas de la cresta levantadas y con el pico abierto. Una vez reconocido, lo dejé en una zona solitaria y protegida por vegetación abundante del monte para ver si se defendía él solo y recuperaba el movimiento; (llegué a pensar que estuviera envenenado o algo parecido). Al día siguiente no encontré rastro del ave; no sé si se recuperaría. No había tenido nunca un críalo en mis manos y de verdad, es  un ave muy hermosa de plumaje e inconfundible.


 emo-malvasia.blogspot.com / Eliseo de Miguel Ortiz  / 21/07/2014/


Este post ha sido realizado por Antonio Martínez Ron (@Aberron) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

    - Aunque es una forma de parasitismo extendida entre aves, peces e insectos, cuando se habla de “parásitos de cría” a casi todos nos viene a la mente la figura del cuco común (Cuculus canorus), la famosa ave que deposita sus huevos en nido ajeno y consigue que a su prole la críen los padres de otra especie. Los pájaros parasitados, casi siempre más pequeños, terminan alimentando a un ave que les dobla en tamaño y que previamente ha liquidado a sus compañeros de nido. Pero existen variables más sutiles de este tipo de parasitismo.

    - Los investigadores españoles Manuel y Juan Soler (de la Universidad de Granada y la Estación Experimental de Zonas Áridas de Almería) descubrieron hace unos años el comportamiento de un ave de la familia de los cucúlidos conocida como críalo (Clamator glandarius) que consigue resultados parecidos con otra estrategia. A diferencia del cuco, cuyas crías tiran del nido los huevos de los otros “hermanos”, el críalo deposita su huevo en el nido de la urraca (a la que parasita) y toma represalias si ésta no lo adopta como suyo. Esto condicionaría de alguna manera a su víctima a aceptar la relación de “abuso”. Lo explica muy bien Santiago Merino en su libro Diseñados por la enfermedad (Síntesis, 2013): “Varios días tras la puesta los críalos vuelven a visitar los nidos que han parasitado y, si las urracas han detectado el huevo intruso y lo han destruido, los críalos hacen lo mismo con toda la puesta de la urraca. De esta forma a las urracas sólo les queda aceptar al parásito o irse a otro sitio a reproducirse. Entre críalo y urraca se ha establecido una carrera coevolutiva para evitar la parasitación, por un lado, y mantenerla, por otro. El resultado de ese enfrentamiento evolutivo en la actualidad es el comportamiento mafioso del críalo, o aceptas el parásito o no te reproduces”.

   - “En realidad”, explica Juan Soler al Cuaderno de Cultura Científica, “este tipo de comportamiento lo sugirió el investigador israelita Amotz Zahavi para parásitos de cría en general, pero no se había demostrado nunca. Fuimos nosotros quienes lo descubrimos”. La historia de esta investigación resulta aún más interesante cuando sabemos que en realidad trataban de demostrar que lo afirmado por Zahavi no se cumplía. “Intentamos comprobar las ideas de este hombre”, confiesa Soler, “con la idea de que este tipo de comportamientos no se producirían en la naturaleza. Nuestra sorpresa fue que descubrimos todo lo contrario”.

En un trabajo anterior, Luis Arias de Reina había descrito la estrategia de parasitación de esta ave que habita en la zona de Granada. El macho se acerca a la zona de anidamientos y empieza a clamar de forma escandalosa para llamar la atención de las urracas (Pica pica). Cuando éstas salen a perseguirlo, la hembra aprovecha para entrar al nido ajeno y hacer su puesta. “La cría no mata directamente a sus hermanos, que es lo que hace el cuco”, nos explica Juan Soler, “sino que compite con ellos. Y es una competencia un poco desleal porque el críalo nace entre cuatro y seis días antes que las urracas del nido. Cuando sale del cascarón la urraca pesa unos 6 gramos y el críalo anda ya por los 60 o 70″.

   - El primer experimento realizado por el equipo de los hermanos Soler, publicado en 1995, consistió en localizar varios nidos de urraca que ya tenían el huevo del críalo, retirarlo y medir qué probabilidades había de que esos nidos fueran “depredados”, es decir, de que el críalo acudiera de nuevo y destruyera los huevos de la propia urraca. “Nuestras observaciones mostraron que había mayores probabilidades”, asegura Soler, “aunque no es una relación 1:1, no se produce siempre”. Además, entre 1991 y 1992 localizaron 144 nidos de urraca parasitados por críalos y observaron lo que sucedía sin intervenir. De estos, en un 5,2 % de los casos las urracas tiraron el huevo del críalo y un 7,5% fueron abandonados. Y aquí viene el dato impactante: en el 86% de los nidos en los que la urraca destruyó el huevo de críalo, los huevos de la urraca fueron también destruidos, mientras que esto solo sucedió en un 12% de los nidos donde el intruso fue aceptado.

   - Para comprobar experimentalmente que los responsables de esta destrucción de los huevos eran los críalos, los investigadores introdujeron falsos huevos de plastilina para registrar los picotazos. A las pruebas se sumaron varias observaciones directas del fenómeno: vieron que tras manipular el nido y sacar el huevo del críalo, éste – que andaba pendiente por la zona – volvía en menos de una hora y rompía todos los huevos de la urraca.

   - Pero no estaba todo el trabajo hecho. Una pieza importante del puzle era comprobar que este comportamiento aportaba una ventaja individual al parásito, en este caso el críalo, y no de grupo. “Nuestra hipótesis”, relata Soler, “es que los críalos estaban ‘enseñando’ a las urracas a no tirar su huevo. Preveíamos que las urracas a las que depredaran el nido en una primera ocasión aprenderían de la mala experiencia y cambiarían su comportamiento en la segunda ocasión. Es mejor pagar al mafioso la cuota que enfrentarse a él”.

   - Las urracas suelen hacer una sola puesta al año, pero cuando les depredan los nidos vuelven a construir otro y realizar una nueva puesta. Es en esta nueva puesta donde se esperaba que las urracas dejaran de expulsar de sus nidos los huevos parásitos. Para comprobar si el comportamiento “mafioso” de los críalos tenía el efecto esperado, el equipo de los hermanos Soler diseñó un nuevo experimento en el que usaron huevos de escayola simulando huevos de críalo y los investigadores actuaban como mafiosos depredando nidos de urraca. “Después de detectar si expulsaban o no los huevos, les depredábamos el nido”, explica Soler. “Después, esperábamos a que hicieran un nuevo nido al que volvíamos a meter un nuevo huevo de escayola y veíamos si esta ocasión repetían el comportamiento de expulsar los huevos experimentales”. “La mayoría de las urracas que habían tirado el huevo parásito y perdido sus huevos después”, añade, “pasaron a aceptar el parasitismo en la segunda ocasión”.

   - Dicho de otra forma, gracias a su comportamiento ‘mafioso’, los críalos consiguen que las urracas aprendan la lección y se aprovechan del efecto recuerdo. “De esta forma, como vuelven a parasitar en la misma zona se aseguran poder seguir haciéndolo; hay un beneficio individual de ese comportamiento mafioso”.

   - Este comportamiento propio de una “mafia” se ha observado recientemente en otra especie de ave parásita que vive en Norteamérica, el tordo cuco (Molothrus ater) y Manuel y Juan Soler creen que algo parecido puede ocurrir en las relaciones que mantienen otras muchas especies. “Algunos organismos desarrollan comportamientos sobre la misma especie o de otras imponiendo un coste a la falta de conformidad”, escriben. “Este mecanismo se conoce como “mafia” entre los humanos, pero puede que esté extendido en las relaciones entre parásitos y huéspedes en la naturaleza, desde el nivel celular a las sociedades”.

   - En un trabajo publicado en 1998, los hermanos Soler proponían la existencia de relaciones mafiosas en otras especies, como la que existe entre una especie de castaño americano y dos tipos de hongos, o la que se da entre las hormigas y los pulgones, a los que seleccionan y sacrifican si producen poco azúcar. El requisito principal para este “parasitismo mafioso” es que el parásito responda agresivamente frente al huésped que no acepte el trato. Si la agresión es lo suficientemente severa, los que aceptan tendrán ventajas frente a los que no lo hagan. Y, si el animal parasitado aprende la lección, los explotadores recibirán las pagas sin tener que mover un dedo. “Ya no tendrían a nadie que castigar”, concluye Soler, “solo tendrían que vigilar que los demás no rompen el trato”.

Este post ha sido realizado por Antonio Martínez Ron (@Aberron) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

--------  emo-malvasia.blogspot.com  -  21/07/2014 --- Eliseo de Miguel Ortiz    -------

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Críalo   -    Vicente Hernández Gil

     El críalo es un ave mediana, con más de 30 cm, en la que destaca su larga cola escalonada, de color pardo oscuro terminada en blanco. El dorso es pardo oscuro moteado de blanco. Las partes inferiores del cuerpo y los lados de la cabeza aparecen de color crema, con tonos amarillentos en la garganta. Posado, destaca un moño de plumas que sobresale de la cabeza, dándole un aspecto "capirotado" a los adultos. Presenta un anillo ocular naranja solo visible en distancias cortas. Los jóvenes son de color marrón.
Hábitat y Distribución
     El críalo se encuentra en todo los países del entorno Mediterráneo durante la época de cría, siendo su distribución invernal africana, por debajo del Sáhara. Se distribuye por toda la Península Ibérica, faltando en zonas de alta montaña y en las Baleares. En Murcia podemos verlo en toda la provincia, a partir de finales de marzo, hasta los meses de verano, en que desaparece.
     Es un ave fundamentalmente estival, si bien permanecen algunos ejemplares durante el invierno en algunas localidades del sur de la Península Ibérica. El críalo es muy común en campos de almendros, zonas abiertas de bosque, y de matorral con árboles dispersos, saladares con tarays de porte elevado, y en general, en lugares donde pueda encontrar a su huésped, la urraca.
Costumbres y Alimentación
     El críalo junto con el cuco son los dos representantes de la familia cuculidae, ambas parásitas de crianza. El críalo es parásito casi específico de la urraca, en cuyos nidos pone uno o dos huevos. Además de mimetizar la coloración de los huevos, los pollos de críalo también imitan la voz de la especie hospedadora.


     Mientras la urraca construye el nido, no percibe que es espiada por la hembra del críalo, que al menor descuido dejará su huevo, quitando algún otro de la hospedadora.
     El pollo del críalo no expulsa del nido a los otros pollos, como hace el cuco, sino que se cría a la par que el resto de sus hermanastros. Por ello cuando son volantón es no es raro ver a una pareja de urraca seguida por un grupillo de otras urracas junto a algún críalo. Son sus hijos propios y los adoptivos.
     La alimentación del críalo es principalmente insectívora, eliminando una enorme cantidad de orugas de la procesionaria, con la que coincide en estas fechas. También captura otros invertebrados, lagartijas y pequeños mamíferos.
Protección y Conservación
     El críalo no es una especie que se encuentre en la actualidad amenazada. Tan sólo la persecución que sufre la urraca le perjudica, por ser su especie hospedadora.
     No parece necesitar medidas de conservación alguna, ya que la tendencia de su población es a aumentar en los últimos años.
Curiosidades
     El críalo pasaría desapercibido si no fuera por sus costumbres vocingleras. El nombre científico, clamator, hace mención a sus ruidosas y gárrulas costumbres.
Vicente Hernández Gil


 

Nido de urraca. El pollo de críalo se adelanta y se beneficia de los cuidados de los padres parasitados.

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El críalo parasita a otras aves pero también las ayuda a defenderse

Un estudio liderado por expertos españoles y publicado en 'Science' muestra una especie de cuco que protege los nidos de su hospedador frente a los depredadores.

Estudio sobre la vida del cuco

Madrid. (Agencia SINC).- Un equipo internacional, liderado por investigadores de la Universidad de Oviedo -CSIC- y de la Universidad de Valladolid, en colaboración con la Universidad de Neuchâtel (Suiza), ha descrito por primera vez cómo una especie de cuco protege los nidos de su hospedador frente a los depredadores.

El trabajo, publicado en la revista Science, revela aspectos beneficiosos del parasitismo de cría y establece una relación entre individuos de diferentes especies que mejora su éxito reproductor.
Revela aspectos beneficiosos del parasitismo de cría y establece una relación entre individuos de diferentes especies que mejora su éxito reproductor.

Durante 16 años, los investigadores han estudiado y monitorizado 741 de nidos de corneja negra (Corvus corone, corone) y han analizado su relación con el críalo europeo (Clamator glandarius), una especie de parásito de cría de la familia del cuco.

El trabajo está liderado por Daniela Canestrari, investigadora de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad (Universidad de Oviedo – CSIC) y del Departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo, junto con Diana Bolopo, José M. Marcos, Vittorio Baglione, de la Universidad de Valladolid, y Gregory Röder y Ted C. J. Turlings, de la Universidad suiza de Neuchâtel.
Las conclusiones del estudio desvelan que la presencia de un pollo de críalo en el nido puede en realidad proporcionar beneficios a las cornejas, convirtiendo la relación de parasitismo en un mutualismo del que ambos salen beneficiados.

Los experimentos de campo demostraron que los polluelos de críalo protegen el nido gracias a una secreción con un olor muy desagradable que producen cuando son agredidos y que ahuyenta a los depredadores.

Este mecanismo de defensa química contribuye a la supervivencia de todos los polluelos del nido, tanto del críalo europeo como de la corneja, al mantener alejadas a aves rapaces y mamíferos.
Los análisis químicos han probado que la secreción desprendida por los polluelos de críalo europeo contiene numerosos compuestos ácidos y tóxicos que logran ahuyentar a los depredadores. Esta acción protectora de los cucos sobre sus hospedadores se prolonga de 16 a 18 días, antes de que los polluelos abandonen los nidos.
“Las conclusiones del estudio nos permiten ver que la relación entre un parásito de cría y sus hospedadores es más compleja de lo que hasta ahora pensábamos y se abren nuevas puertas para analizar mejor esas interacciones”, explica la doctora Daniela Canestrari.

Las ventajas de un nido parasitado

El críalo no expulsa del nido a los hijos de su hospedador, pero compite con ellos por el alimento que los padres llevan al nido y con frecuencia puede provocar la muerte de algunos de sus pollos. En este sentido, el críalo provoca un costo al hospedador, un rasgo característico de las especies parásitas.
En años con mucha densidad de depredadores, los nidos parasitados llegan a producir, de media, más crías de corneja. -Sin embargo, al analizar los datos recabados durante 16 años en 741 nidos asentados en las inmediaciones de la localidad leonesa de La Sobarriba, los investigadores comprobaron que en años con mucha densidad de depredadores, los nidos parasitados llegan a producir, de media, más crías de corneja con respecto a los nidos no parasitados, al sufrir menos pérdidas por depredación.
En estos años, la relación ecológica entre el críalo y la corneja deja de ser parasitismo (en la que el parásito “gana” y el hospedador “pierde”) y se transforma en mutualismo (ambos obtienen beneficios). El trabajo de campo desarrollado ha analizado asimismo la influencia que la presencia de un parásito tiene sobre el trabajo que los padres desarrollan para alimentar a las crías, mostrando que un pollo de críalo supone un esfuerzo menor comparado con un pollo de corneja, debido al menor tamaño del parásito.
La estrategia reproductiva de muchas especies de cucos es muy conocida y consiste en poner los huevos en el nido de otra ave (el hospedador) y dejar que su progenie sea criada por los padres adoptivos. - En muchos casos, cuidar a un cuco supone un costo considerable para el hospedador porque llegan a expulsar al resto de huevos o polluelos o monopolizan el alimento, provocando la muerte por inanición.

Muchas especies han desarrollado estrategias de defensa contra los parásitos de cría como la capacidad de reconocer y expulsar los huevos de otras especies o la posibilidad de defender el nido activamente contra los parásitos adultos. Sin embargo, algunas especies de hospedadores, como la corneja, no poseen ninguna defensa contra los parásitos de cría y por lo tanto sus nidos pueden ser parasitados con frecuencia.
Esta ausencia de defensas representa un interrogante abierto para muchos científicos. El estudio de Canestrari y colaboradores ha propuesto que, en el caso de la corneja negra, la falta de defensas frente al críalo se debe al efecto beneficioso que el parasitismo de cría puede proporcionar en años de alta densidad de depredadores.
El proyecto de investigación desarrollado por el equipo internacional ha sido financiado a través del Plan Nacional de Ciencia del Ministerio de Economía y Competitividad y fondos aportados por la Junta de Castilla y León.
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